Estimado Jaime, te envío un artículo sobre Alvaro Mutis. Estuvo de la Casa de América y hablo sobre lo que te he escrito para tu página. Un saludo muy grande. 

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EL MUNDO DESPRECIABLE DE ALVARO MUTIS

Arturo Prado Lima

 

 

Hace un tiempo que estuvo Alvaro Mutis en la Casa de Amércia de Madrid.
En aquella ocasión nos reveló los pasillos secretos de su arte de escribir.
 
Alvaro Mutis

 

El último gran acontecimiento de la historia, según el escritor colombiano Álvaro Mutis, es la caída de Constantinopla en poder de los turcos. Después de aquella fecha el mundo naufraga en su propio desespero, en sus desventuras que poco a poco lo acercan a sus propias ruinas. Un mundo que no lo salva ni siquiera la poesía, como lo habían anunciado otros poetas, mucho menos los políticos, una especie de bandidos que aspiran a cambiar el destino de los demás viviendo a costa de un pueblo que, sin embargo, los elige y los sube a tronos desde donde ellos atacan a quienes los eligieron. Este es un mundo desesperanzado, sin rumbo, sin ninguna ilusión. un mundo de tontos, dice Álvaro Mutis. Maqroll, el Gaviero, el personaje de todas sus novelas, representa ese tipo de hombre que ha vagado por el mundo después de la caída de Constantinopla sin rumbo y sin destino definido.

Por eso toda empresa que inicia, Maqroll, el Gaviero, es una empresa perdida, una aventura que siempre termina en el fracaso, así como todas las empresas emprendidas por los hombres para salvar a la humanidad terminan convertidas en fenomenales desastres logrando, muchas veces, resultados contrarios a la salvación. Es el sello de la obra del escritor colombiano, aquel que nunca pudo terminar los estudios de bachillerato porque no quería perder tiempo estudiando cuando había tanto que leer. El resultado no podía ser otro que una obra plagada de fantasmas de toda literatura universal, como dice Adolfo García Ortega, quien, además le ha pedido a Mutis que abra los pasillos secretos, las puertas cerradas de su producción literaria. Y Álvaro no se ha negado. Durante una conversación con Conrado Zuluaga, el propio García Ortega y otro escritor, cuyo nombre no recuerdo, y con quienes admiramos su obra, en Casa de América de Madrid, habló de unas cuantas claves para entender, para saber cómo se conciben sus poemas o novelas.

Una de ellas es esta: nunca he leído un libro que me aburra. Si un libro me aburre, sea el que sea, del autor que sea, lo cierro inmediatamente. Yo leo para comunicarme y sentir la presencia y el calor de alguien. No leo para aprender sino sencillamente para seguir viviendo. De esas lecturas apasionantes, seguramente, salieron los personajes de muchos de sus libros, con quienes conversa, piensa y sueña y que son parte fundamental de su narrativa.

Otra de las claves para escribir buena poesía, y narrativa, según Mutis, es definitivamente escribir para uno mismo, y nada más que para uno. En verdad, tal como es el mundo de hoy, tal como se nos viene encima, uno piensa para qué escribir poesía. Esto va a caer en el vacío absoluto. Pero uno tiene que escribirla para uno mismo, para salvarse uno mismo de ese vacío y dejar testimonio de las cosas esenciales, de lo que somos, que nos dan la vida, sin pensar si va a ser leído o no. He leído muchas veces en estos últimos años, y ustedes, seguro, lo han escuchado, que la poesía está a punto de acabar, que ya nadie lee poesía, que la poesía ya ni tiene sentido. Yo no estoy de acuerdo. El último hombre sobre la tierra lo que hará antes de morir es escribir poesía. Será un lamento, un decir, qué hice, qué es esto, qué pasó. Eso es poesía. La poesía es una agonía y lo ha sido siempre. Cuando uno piensa en un ser tan profundamente desventurado como Baudelaire, que, estarán de acuerdo ustedes, debió ser insoportable, ese hombre escribe una de las poesías más grandes de occidente y desde luego abre unos caminos extraordinarios a la poesía. Con su poesía se salvó, porque si alguien ha construido un infierno para él mismo, es Baudelaire. No es que valga la pena o no escribir poesía tal como está el mundo hoy. Este mundo de hoy me parece un mundo despreciable, no tengo ningún contacto, no me hace ninguna gracia de lo que sucede, más lo que me da es un vago terror, todo.

Ahí están Los elementos del desastre para comprobar su teoría. El libro es una base para la salvación del autor de La nieve del almirante e Ilona llega con la lluvia, una salvación que celebramos todos porque sólo a través de esa salvación nos ha llegado su basta obra y nos ha llevado a la meditación más profunda sobre el destino del hombre en la tierra. La literatura para Mutis es salvación individual y no salvadora universal. Esta última tarea se la deja a los políticos, a los economistas, incluso a los matemáticos. Esa una clave. Sobre todo, la buena poesía no debe dejar escrito ese pánico, sino esa fiesta que fue nuestra vida de niño y esa fiesta que sigue siendo nuestra vida con cosas que nos hacen eternos.

Y también la solidaridad con el ser humano como individuo que hoy quiere borrar la apertura universal. La complicidad con la existencia única de cada uno de nosotros. El derecho a hacer con nuestra vida lo que se nos venga en gana, así sepamos que la empresa está perdida. Ese seguir gritando a pesar de esa especie de globalización, que es una palabra que usan generalmente para fenómenos políticos y económicos, pues ella está sucediendo en todas partes. El individuo ya no existe. Lo que es sombras en una pantalla que yo me niego a ver siempre. No tener en la casa nada. La amistad sigue siendo fundamental, porque no nos viene al margen de ese mundo impersonal, generalizado, tonto. Así son los personajes de Un bell morir(1989)y Amirbar(1980).

Otra de las claves para escribir bien es, sencillamente, no pensar en el lector. El instante en que el poeta esté pensando en que está escribiendo para otro, para alguien que va escuchar, ya empezó mal. Se escribe poesía como se llora, como se escribe, como de pronto llega el pánico y el terror: vago. Si empiezas a pensar en si lo entenderán o no....

El conocimiento y familiaridad de los fenómenos, las cosas, los personajes y los hechos de que se escribe es fundamental para una buena literatura. Los navegantes, el mar, los puertos y los barcos son familiares para el autor Mutis y es allí donde le habría gustado vivir y escribir, ya que le ha sido difícil acostumbrarse a vivir en tierra firme. De ese conocimiento salen los personajes, tan familiares también, a su mundo, a su entorno soñador y aventurero. Dice al respecto: Mi relación con el mar... De niño viví en Bruselas. Mi padre era diplomático, y en vacaciones viajaba a Colombia desde Amberes hasta Buenaventura, un puerto sobre el Pacífico. Desde el primer viaje, el mar me dio una sensación doble y muy difícil de tener en forma unida, era una inmensidad absoluta y algo absolutamente familiar. Yo, cuando miré esas olas enormes golpear el barco, eran unos barcos mitad de carga y mitad de pasajeros; cuando se venían esas olas encima, nunca me dio miedo. Era como el mar diciendo: ¡hola, aquí estoy¡. Y además, la sensación durante el viaje de vacaciones absolutas. Yo llegaba a tierra y se acababan las vacaciones”.

Y después agrega, emocionado: En el mar nunca se me ocurrió abrir un libro. Esos viajes se repitieron varias veces y me dejó esa marca. Después tuve que viajar por trabajo en los barcos petroleros de la Esso desde los puertos colombianos hasta las islas del Caribe. Volví a tener la misma sensación. Sí, había un olor continuo a petróleo, a crudo, a gasolina. El capitán me dijo, antes de que arrancara el barco, me dicen que esta es la cuarta vez que viaja. Me dijo: no coma usted con la oficialidad, coma usted en mi camarote. Dije, sí, encantado. Hablaba perfecto francés. Entonces, llego yo al desayuno y veo botellas de champaña y botellas de cerveza. Nada de comer. Ocho de la mañana. Cuando ya estaba a punto de gritar Viva el partido liberal, a la una, el almuerzo, y la misma historia: cerveza y champaña. Yo pensé: esto va a ser el alcoholismo general progresivo, que era lo que decía Gabo que era lo que estábamos destinados a ser. Éramos muy jóvenes. Y así la cena. Pero, al mismo tiempo me contaba unas historias de vida de marino absolutamente maravillosas. Ningún hecho, sino esa familiaridad con el mar. Yo pensaba: pero así es lo que hay que vivir, champaña, cerveza y mar. Yo siento una familiaridad absoluta. Que hay mal tiempo y que el mar está furioso?. En el mar no pasa nada. Que está tranquilo y hay calma chicha?, okey, yo lo miro, y tengo una relación personal con él.

El colmo del ingenio humano es la navegación con las estrellas. Estas con lo esencial. No hay astrolabios ni todas esas cosas. Eso sirve para ver las estrellas, la posición de la luna. Para ver cerca de qué paralelo o meridiano estás, pero el contacto es con el cielo, con lo esencial. Oye, ¿Qué más quieres?. No hay que montar en taxi ni en cosas de esas. ¿No?.

Y por último, otra gran verdad para escribir y trascender es la complicidad con todo lo que es posible novelar y poetizar. Por eso Álvaro Mutis siempre desea hacer posible que las cosas, las gentes, lo que encuentro, se ponga de mi lado y me ayude a seguir el camino. Casi nunca me fallan, ni las cosas, ni las personas, ni la naturaleza. Los animales, por ejemplo, con los que me entiendo tan bien. Los gatos con los que hablo perfectamente de Proust, ¿me entienden?.

He aquí un somero retrato de la obra y del autor colombiano, quien, sin embargo, continúa esperando un gran acontecimiento contemporáneo, ya no la caída de Constantinopla en poder de los turcos sino la caída de la barbarie moderna, de la globalización, para darle una oportunidad al individuo de ejercer su destino.

 

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