Humberto Jarrín B, nació en Cali. Desde 1982, cuando publicó su primer libro, su producción artística ha venido abriéndose paso a través de un trabajo permanente. Su obra se inscribe dentro de la más reciente generación de escritores colombianos. Teatro, cuento y poesía son los géneros de su preferencia, en los que ha logrado ya varios reconocimientos y premios, entre os que cabe destacar:

Premio nacional de Literatura, Colcultura,
Dramaturgia para niños, Bogotá 1992.
Premio nacional de Libros Cuentos para niños, Atlántico, 1995.
Premio nacional de poesía Ciudad de Chiquinquirá, 1996.
Cali, en dos ocasiones, 1994 y 1996.
Premio nacional de Literatura, Ministerio
de Cultura 1998

   
 

con un tono, un lenguaje y un manejo de la imagen que le convierten en una voz contrastada a la que expresan los poetas contemporáneos, sin que por ello mengüe su densidad expresiva; por el contrario: la destaca e ilumina. La segunda, sustentada en su Ritual de títeres, también singular por la válida experimentación de conjugar todas las artes narrativas en el género de la novela, y en sus cuentos, donde lo clásico y lo lúdico, lo real y lo fantasioso se conjugan, como en El Mago, son buena evidencia de un trabajo persistente y notable en la obra en marcha de un escritor que vive la vida intensamente, al tiempo que la testimonia en su trabajo con las palabras. A la par se ha dedicado a la divulgación cultural en medios de comunicación, codirige y presenta el programa radial "Gesto cultural", codirector de la revista de poesía Deriva, director de la revista de literatura del Colegio Alemán "Clepsidra", donde trabaja como profesor.

 

Buitre, ideas y león

No sé si ya dije que en la selva las cosas no andaban bien, abundaba el desempleo y las necesidades serpenteaban por doquier, así que, en vista de que uno que otro consejo dado a más de uno por el Buitre había caído en tierra fértil, éste decide poner su propio negocio: "SE FABRICAN IDEAS".

Ni bien colgó el letrero le cayó un cliente, un Mono que se descolgaba preocupado por la manera como debía organizar en su cabeza los fugaces e iniciales destellos de inteligencia racional si quería ponerse en fila de llegar a ser homo sapiens. El Mono sale maravillado y riega la noticia. Van, pues, adonde el Buitre muchos animales, para que también los ilumine de una idea de algo.

Como las cosas no andan bien por la selva, ¡ah!, ya lo dije, bueno, eso prueba que las cosas no andan bien por la selva, las Hormigas quieren dar la pelea por unas condiciones distintas. El Buitre les hace ver que se trata de un problema político, así que para lograr alguna efectividad deberán hacerse a una ideología. El Buitre les diseña un sólido ideario acorde con sus aspiraciones, una ideología de corte revolucionario.

Las Abejas se dan cuenta, y lo mismo: el Buitre les proporciona una ideología igualmente rebelde, teoría y práctica militantes, pero en cierto modo distinta de la anterior, teniendo en cuenta que es necesario que esta segunda sea algo aérea: una leve diferencia en su estrategia para tomarse el poder de la selva.

Las Termitas, quienes también querían mejorar su organización, transformar la selva y hacer más llevaderos los días para todos, en su ceguera buscan al Buitre; de allí salen luego, entre consignas anarquistas, más voraces, dejando en el lugar de sus contradictores un montoncito de aserrín.

Todas estas diferencias, que a la hora de aplicarlas se convierten en contradicciones, hacen que la selva se sienta amenazada desde varios frentes pero de distintos modos, procurándole sin duda algunas molestias al Rey de la selva: el León.

Es de suponer que el León siga intranquilo por estas cosas y las que puedan venir, porque jamás nunca algo parecido le había pasado. Aquí es donde entra (¿qué animal pongo?, uno clásico en estas simbologías:) la Hiena, para allegarse adonde el Soberano y aconsejarle que vaya (¡exacto!) adonde el Buitre. ¿Para qué? Así las vainas, trasladadas las inquietudes y los temores, éste le arma un bonitísimo y completísimo Manual Antisubversivo con todos los soportes conceptuales y normativos, junto con los mecanismos físicos de reacción para aplastar los levantamientos, fueran de los que fueran.

Las Orugas, los Escarabajos, las Tortugas, los Armadillos, en fin, todos los tanques blindados, arremeten y aplastan la rebelión. Muchos muertos, unos logran escapar, los otros son hechos prisioneros e interrogados (el Manual incluía un apéndice al respecto), enterándose de este modo el Rey a través de sus informantes de que el Buitre, como en el caso de su causa, había sido el autor intelectual de las ideas de las organizaciones amotinadas, y lo manda también a arrestar, por supuesto.

De nada sirvieron las argumentaciones del fuliginoso sobre el compromiso profesional que él como pensador puro debía prestar a quien se lo solicitara, sin distingo de raza, credo, religión ofiliación política.

Lo que pudo ser un próspero negocio terminó en la cárcel, y el León llegó a tranquilizarse. Pero lo que el Rey (por muy Rey que sea) ignora es que quienes han logrado escaparse son suficientes para que en adelante, de período en período, promuevan los brotes de nuevos levantamientos.

     

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