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Ultimas palabras del libertador en su lecho de muerto

 

 

El sol era un cangrejo rechoncho, que caminaba pa´lante y pa´trás, sobre el cielo de Santa Martha, sol alumbraperro.

- Vaya a mamar, vaya a que lo lamba un sapo -decían- en voz alta los negros en Mamacoto.

 

En San Pedro Alejandrino, el forro del Libertador, se despedía de este mundo y del otro, de espaldas al mar y en mitad del abandono más hijueputa.

 

- Tengo los ojos ciegos -gritaba- el Libertador tendido bocabajo en su cama de tijera.

- Dónde andarán? -preguntó el Libertador - y soltó un escupitajo sanguinolento que ahogó a una hormiguita culona.

- Nada. Nada. Nada -gritó el Libertador. Y cerró los ojos y vio la coronación de Napoleón, las siete colinas romanas, la descarga del pantano de Vargas, las mulatas del Caribe, la noche cálida de Jamaica, el último estado de golpe en Bolivia, la legalidad y el legalismo,  y a Manuelita Saénz empelota junto al catre, que lo llamaba con su voz melosa y caliente de quiteña, ven, ven, ven negrito lindo, ven no tardes tanto.

 

- Aléjense de mí mosquitas muertas-dijo-  el Libertador

 

Y fue cuando el Libertador  tuvo la visión de la Gran Colombia hecha mierda

 

- Coño! - dijo -  el Libertador y cerró los ojos.

 

No escuchó, el ruido de la pelotera de perros.

 

 

                                                                                                                                   Moscú / 92

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