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EL PROXIMO AVION A MALLORCA

Por:Jaime de la Gracia Mire

Fui a despedir a mi novia al aeropuerto del Tegea. Ella viajaba a una clínica situada en los alrededores de Hamburgo a hacerse una cura que le había recetado su terapeuta contra las inhibiciones adquiridas en su trabajo y en nuestra relación ; sobre todo en nuestra relación. De un tiempo para acá las cosas entre nosotros andaban penosas, comíamos juntos dormíamos juntos pero algo no funcionaba con su cabeza, tampoco me importaban mucho su estado de ánimo ni su cabeza, lo cierto es que estaba enferma de pejiguera. Hicimos el camino al aeropuerto en silencio, pero con la pantomima de las manos tomadas, nunca me pareció tan lento el metro. Descendimos en La estación U-Vd.-Jacob- Kaiser-Platz y salimos a una mañana fría, hasta el paradero del bus que nos llevaría al Berlín-Tegel, finalmente se apareció el bus X9 y tomamos asiento al lado de una señora que olía a perro mal cuidado.

Berlín es una ciudad perezosa para despertar. A esa hora seis y treinta, el aeropuerto tenía un inusitado tránsito de viajeros que iban y venían, me gustan los aeropuertos son como promesas de partidas hechas para los que no están fijos en ningún lugar, lo cierto era que me aburría la espera y me aburría más, el aire trágico cómico que ponía mi novia cuando me miraba buscando mi apoyo moral como ella decía ante la realidad de ningún apoyo que yo podía brindarle, porque a decir verdad ella era la que trabajaba como alemán y le pagaban como a negro y ganaba el billetico para los dos, yo tenía la certeza que esa era la principal razón de sus continuas recaídas en las inhibiciones, lo que nunca me expliqué era porque el terapeuta no mandaba una cura definitiva contra las inhibiciones extirpando su principal causa, o sea, pedirle a mi novia que me abandonara, ya sentía yo cierta simpatía por el terapeuta por su aparente solidaridad conmigo, yo pensaba en solidaridad pero intuía que él odiaba a mi novia.

Dagmar! Dagmar! la voz rechinó en las espaldas de los que esperaban y de los que caminaban, mi novia buscó y se encontró con un par que venían tomados de las manos, esos sí que se veían a la legua que estaban enamorados enamorados. La boba que se acercó se soltó de la la mano de su novio y abrazó a mi novia, se dieron besitos en las dos mejillas y ambas se pusieron coloradas de dicha por encontrarse en el aeropuerto sin previo aviso, la boba viajaba a Mallorca sin el novio, - Mi novio- dijo mi novia a la boba, yo alargué la mano pero la boba se me adelanto y me dio un beso en la mejilla izquierda me fueteó su perfume y el roce de sus tetas duras como mango biche, reparé y vi que no estaba tan mal la boba le miré el culo y tuve una erección instantánea. Creo que fue el novio educado de la boba quien propuso ir a la cafetería a tomar un café, por lo general el café en todo aeropuerto sabe a orines de burro.

En la cafetería noté que el novio educado de la boba reparaba demasiado en mi novia enferma de inhibiciones, yo aproveché para rozar mis rodillas contra las de la boba y evitaba mirarla a la cara, tomamos el café y por los alta voces avisaron la salida de los aviones de mi novia y de la boba, caminamos los cuatro hasta el Abkunft y fue entonces cuando vi que el novio de la boba tenía envuelta a mi novia en un furioso abrazo de despedida, la boba me miraba con ojos de un brillante líquido, la tomé en los brazos y la empujé hacía mi con violencia, no hubo ninguna protesta y la apreté, miré hacía atrás y vi que mi novia y el novio de la boba seguían en ese abrazo mortal pegados como chicle bomba, bajé la mano derecha hasta el nacimiento de las nalgas de la boba y fue placentero rozar sus nalgas metidas en la tela del sencillo y delicado pantalón hindú de flores azules y lilas, sus nalgas eran duras y de una redondez hechas a la medida de mi mano, le froté ambas nalgas y fue cuando me bajó la luminosa idea de meterle la mano dentro del pantalón y comprobé que no tenía calzones, se pegó a mi cuerpo ronroneando y también me apretó, tenía los ojos semicerrados, y estaba más boba que antes, busqué su raja y metí mis dedos en esa fruta jugosa, un policía del aeropuerto lo miró todo y lo seguía mirando y me sonrió comprensible.

Berlín / Primavera / 2000

 

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